¡Ostras! ¡Tranvías! Una amenaza distinta para los viandantes con tendecia a la distracción. Qué novedad.
El otro día vi como casi atropellaban a una señora…como son tan sileciosos…fiuuu…ACHTUNG!!! (Bueno, dijo otra palabra que no es ACHTUNG, pero el alemán de una es limitado. Me impresionó un poco). Y ayer vimos tranvías parados y una ambulancia y una mancha de sangre en la acera y un señor haciendo fotos al tren tipo CSI, pero como la gente de aquí no tiene sangre en las venas dijo algo así como “no sé, algo con sangre. Aparentemente van a tardar un poco en volver a pasar los trenes”)
La leche es de marca ja! (sí!) y como hace tan bueno todas las bicicletas están alquiladas y, quizá premonitoriamente (porque no las tengo yo todas conmigo entre mi torpeza natural y la nueva amenaza de los tranvías y el sofoco y el calor y mi baja forma) el paseo en bicicleta se transformó en un paseo a secas, al borde del Elba, viendo castillos, jardines en forma de bosque y escaleras secretas. Al final de las escaleras secretas, que eran como las de Moria pero cubiertas de hojitas y un poco estrábicas, había dos tumbonas de madera, mirando al río, en medio de un césped cuidado. Nos tumbamos a recuperar el aliento y a darnos a la contemplación, creyéndonos los únicos habitantes del paraje maravilloso, hasta que un jardinero en pantalón corto nos hizo volver a la realidad y darnos cuenta de que estábamos junto a un palacete-hotel de lujo lleno de bmvs, mercedes y gente elegante en la terraza.
Calor. Currywurst. Barrio alternativo (el Fuencarral Dresdiano) con tienda de juguetes incluida y paseo por unos patios rozando lo onírico donde un taller de punkis concentrados tejían gorros de lana de colores para gnomos, pelotitas de lana, joyas en globos, y un circuito de embudos y bajantes de pluviales (tuberías de lluvia) en una fachada que habría podido pasar por un decorado de Charlie y la Fábrica de Chocolate. También vimos una tienda hippy y una papelería mágica (lo que me recuerda que sigo queriendo encontrar el libro de “la tienda mágica” que ha desaparecido de mi casa) pero Bao no me dejó entrar porque hay que volver con más tiempo (ahora me entra la duda de si fue un delirio de insolación o un sueño de la supersiesta de dos horas).
Y muchos tranvías, bretzeln, cementerios, postales, nuevos edificios historicos, jardines barrocos, muchas escaleras que suben a una torre con cinco campanas, muchos españoles y un comedor-cantina a donde se entra por distinta puerta en función del plato que decidas tomar. Qué organizados son los alemanes. Y muy serios, algunos parecen rottweilers cuando hablan, aunque también hay otros muy majos (y algunos se llaman Konrad, como el niño que salió de una lata de conservas). Mi conversación más larga ha sido con una tendera que me estaba de acuerdo conmigo en que es muy difícil encontrar buzones, aunque dije Stampen en vez de Briefmarken y usé la mímica para la palabra buzón. Jejeje. Es divertido.
Tengo la marca de la camiseta y de los tirantes de la mochila, lo que indica que me estoy poniendo levemente morena, a rayas y a cachos, como viene siendo habitual. Y me gusta llamar por teléfono-ordenador y que me digas que se me oye como un pato metido en un bote y que mi madre no me conozca la voz. Como si estuviera conectando desde otro planeta ;)
elena — 28-06-2006 09:52:49
La Emperatriz Penca — 04-07-2006 19:12:31
La Ricci — 05-07-2006 14:50:07