Texto arquitectónico de Manuel Ocaña
La élite asume la degradación de un Ingenuo que pretende reactivar el deteriorado desencanto de la sociedad, que se interesa por causas abstractas entre las que la paz, de momomento, no ocupa el primer lugar, y olvida muchos asuntos concretos; pretende, desde su inocente moralidad, reconstruir el universo político para que sus construcciones y proyectos tengan sentido.
El Ingenuo está interesado en la investigación científica, en el multinaturalismo, en la sostenibilidad como viabilidad ecológica, en la calidad como concepto abstracto y en la sociología como protocolo de seguimiento de experiencias colectivas; mientras que el Astuto, como buen comunicador, habla de ciencia, de sostenibilidad como control consensuado con la naturaleza, de calidad como un asunto muy concreto, y de sociología como procedimientos de gestión social.
El Astuto es el solvente Hombre-Solución que polemiza alrededor de su culto contexto, que sabe lo que hay y que siempre plantea probadas en inmediatas soluciones que aplastan los problemas y alivian cualquier síntoma. El Ingenuo Hombre-Problema no sabe lo que no hay, busca causas, ambiciona hacer algo que no esté hecho todavía para así tratar por igual los problemas y las soluciones.
Los Ingenuos son hiperestáticos, tanto en su comprensión de la multirrealidad –que se puede expresar en cualquier formato y que no confunden nunca con lo posible-, como en la manera de entender la relación entre materia y energía. Los Astutos, comprenden la única realidad y no tienen que formatearla, ya está liberada de cualquier tragedia significativa, y la relacionan biunívocamente con lo posible. Mantienen que la materia y la energía son entes aislados. Son isostáticos.
El Ingenuo manifiesta su subconsciente mediante un orden perfecto al lado del desorden, diserta sobre la insostenibilidad intrínseca de la perfección total. El astuto manifiesta ese subconsciente con un orden total donde no puede caber el desorden; la perfección es el fin.
El camaleónico arquitecto Astuto se apoya en doctrinas claras y respetables, las mejores, las de los mejores maestros. Sus proyectos abordan cuestiones de estructura formal cuantitativa sobre territorios concretos. Es importante cómo lo cuentan y cómo lo hacen. Sus proyectos manifiestan lo que saben que la gente necesita, plantan nuevas formas de habitar. La percepción visual se encuentra en un lugar privilegiado del gradiente sensorial. La eficacia y objetividad no son nada sin la rentabilidad.
El Ingenuo no reprocha las doctrinas pero prefiere buscar sus propios objetivos. Sus proyectos contienen aproximaciones más cualitativas y emotivas a los problemas y trabajan sobre contextos. Lo relevante es lo que cuentan y cómo lo piensan. Sus proyectos necesitan de lo que la gente manifiesta; plantean nuevas maneras de vivir. La percepción es global, fisiológica de todos los sentidos; y el dinero es sólo un recurso necesario.
El arquitecto Astuto se dedica a la acción contemplativa, tiene que trabajar rápido, utiliza palabras y muchas imágenes, y tiene infinidad de recursos que hacen de sus proyectos materia abstracta exportable. Hace maravillosos concursos de arquitectura para representar espacios y diseñar formas. Proyecta en contextos deseados e interpreta para la única realidad consensuada, y su debate se centra en disertar sobre cuál es la arquitectura relevante.
El arquitecto Ingenuo se emplea más en la contemplación activa, suele ser lento, utiliza imágenes y muchas palabras; y trabaja con múltiples registros, en múltiples situaciones, que hacen de sus proyectos arquitectura implicada con lo físico y lo socioeconómico de lugar concreto, no valen para otro sitio. Los concursos de arquitectura son reflexiones vitales, “ilusiones necesarias” para poder construir espacios y generar formas. Proyecta deseos de contexto, actúa para una realidad deseada y su debate gravita, fundamentalmente, en el bienestar social, en los intereses de las personas.
Ser Ingenuo, aquí y ahora, puede dar algún disgusto, aunque de vez en cuando se gana algún premio, incluso reconocimiento político. Pero esos premios y reconocimientos son, generalmente, el creciente patrimonio profesional de un Astuto que, casi siempre, fue antes Ingenuo.
Cuando es necesario, el Astuto puede ser cínico y el Ingenuo sólo irónico. Entonces, cualquiera de las dos posturas pueden ser contraproducentes, dicen que la astucia crea adicción y que la ingenuidad alucinación.
Bien, pues los dos proyectos que publicamos a continuación –realidades proyectadas y , esperamos que pornto, realidades construidas- se pretenden ingenuos; nos interesa mucho más esa abstracta “Ingenuidad”. Pero tienen también cierto grado de astucia. ¿Mayor a la deseada? ¿Menor a la necesaria? Ser astuto ¿no es un poco perverso?
pipiripipi — 24-05-2006 11:52:28