Aunque sea una bloguera culta, de las que tienen la página de la RAE entre sus favoritos, creo que esta definición se ajusta mucho más al parque de atracciones que dicha erudita institución.
Limpia de agobios, de malos ratos, de gritos reprimidos, de adrenalina acumulada, de ansias de velocidad y emociones fuertes, de prejuicios, de tristezas, de obsesiones.
Fija amistades, sensaciones, ganas, sabores, recuerdos, batallitas, gusanillos en el estómago, la sangre en la cabeza
Y da esplendor. Y hay ojos azules por todas partes y bebés que nos sonríen y camisetas naranjas que se acercan a tentarnos con el bonoparque. Y la gente brilla y sonríe. Y ser valiente significa sentarse el primero en el tornado. Y se moja y se seca y se aprieta contra su mamá y disfruta de un día en familia y se besa en las colas y se ríe a carcajadas y se tumba en el césped. Y no tiene prisa. Y cree que si estira las piernas lo suficiente rozará las copas de los árboles. Y descubre que el pelo de bruja sabe a algodón dulce y se sube en pterodáctilos que disparan aunque casi no les quepan las piernas. Y gira, y gira. Y disfruta del aire, del solecito, de ver Madrid desde muy, muy arriba un segundo antes de desplomarse. Y vuela.
Procesiones y cigüeñas
Estoy en casa, escribiendo estas líneas desde el sillón de la discordia mientras mi hermano se viste de cofrade morado y blanco y pone las canciones del Chivi como banda sonora.
Adoquines y románico. Salir a la calle y además de obras, ver las caras de hace tiempo, las caras de siempre. Niñas que ya no son niñas pero se acuerdan de mí. Profesoras que ya no me dan clase, pero me invitan a café y tostadas y me dicen lo joven que parezco y que se alegran mucho de verme. Amigas, que no son exactamente mías, pero me las prestan para comer pipas y oler incienso. Balcones y antorchas. Acampados, que no están en el campamento, pero asoman su carita por balcones y responden cuando les llamo y me gritan que suba a su casa a ver la procesión. Sandalias, capuchas. Y un superabrazo de reencuentro, anécdotas y chistes bajitos y una mamá que sube al balcón y nos dice “seguro que no os ha dejado ver la procesión” y nosotras (y el niño) con cara de buenos, diciendo que sí, que sí, que no hemos hablado nada.
Y después de tanta tubería la semana pasada, por fin tetería.Y canciones, y fotos, y princesas prometidas, y conversaciones filosóficas. Y siestas, y una catedral de chocolate, y una casa limpia donde puedo poner mi granito de caos, y risas con mi hermano, y un encuentro fugaz y casual con mi minicuñada, y un helado de la mejor heladería del mundo mundial, y lágrimas artificiales, porque me pican los ojos de ser tan feliz.
Muamuamua
Bao — 12-04-2006 00:14:03
Azena — 12-04-2006 00:58:21
La Emperatriz Penca — 12-04-2006 13:11:01
vfd — 14-06-2006 19:29:23