"y al llegar a la plaza de Mayo me dio por llorar y me puse a gritar "¿dónde estás?"" Joaquín Sabina
Siempre que se van mis padres me se me queda un huequito en el estómago, un pellizco en el alma y el sabor salado de las lágrimas.
Me dejan alguna chuchería, gotas para la nariz, las cartas de los niños, una camiseta nueva, un contrato con vodafone y un bolso de Emily. Y me dejan sola con los malditos planos de instalaciones, un proyecto que hacer, unos compañeros de piso que de pronto me parecen extraños y una ducha cubierta de pelos y espuma que nadie limpia. Y yo me quiero ir a mi casa, a mi casa de verdad, donde me esperan mis peluches y mi cama y mi almohada, donde la lavadora no me despierta y se come caliente y a sus horas.
Nos lo hemos pasado muy bien, hemos estado con mi amiga y su peque de 15 meses, mis padres jugando con él felices, recordando que hace nada hacían flanes de arena conmigo y ahora el niño podría ser su nieto.
Podría, pero no lo es.
Y sé que me van a llamar dentro de dos horas, que van a estar exhaustos por el viaje pero me van a decir que no importa porque se lo han pasado muy bien conmigo. Sé que puedo llamarles siempre que quiera, llorando o eufórica, todas las veces que haga falta (menos los lunes a la hora de CSI).
Y sin embargo, cuando veía el coche alejarse por la calle delante de mi, casi no puedo evitar gritarles "ESPERA, POR FAVOR, PARA, DAME OTRO BESO"
Ay, qué pena más tonta...yo solo quiero ser pequeña y hacer pompas de jabón y flanes de arena y ver los títeres del retiro y que mi padre me haga trucos de magia y que me lean cuentos en la cama.
Besos con sal
La Emperatriz — 11-03-2006 21:54:42
Bao — 12-03-2006 11:08:01
Azena — 12-03-2006 12:31:27