Hoy me duelen los dedos y la mano, y si me alegro de ello es porque quiere decir que ayer por primera vez me tomé en serio eso de la guitarra :) . Estuve prácticando muy concentrada durante tanto rato que cuando sólo cuando sonó el teléfono me di cuenta de la hora que era y de mi dolor de mano. Au. Los dedos me duelen porque son blanditos y se quedan con una raya en bajorelieve cuando aprieto mucho esas cuerdas tan duras, la mano por la posición agarrotada-rara en que pongo los dedos (al conducir me duele el cuello, qué le vamos a hacer si sólo sé hacer las cosas en posiciones antinaturales -no se me malinterprete-)
Qué contradictorio es esto de aprender. La impaciencia, la frustración de qué no salgan las cosas a la primera y la alegría que da avanzar pasito a pasito. Esta vez me lo tomo en serio. Todos los que están aprendiendo conmigo tienen aproximadamente la mitad de mi edad, lo que hace que las clases sean muy divertidas. Ayer aprendimos a afinar la guitarra ding ding ding y jugamos al pajarito pio pio.
El sábado fui a Arco, a cambiar prejuicios por inspiración. Creo que por fin estoy aprendiendo a apreciar este arte provocador y desconcertante. Como en el arte de otras épocas, hay que aprender a leer entre líneas, a entender lo que buscan los artistas y cómo evolucionan las técnicas. Vi cosas chocantes, divertidas, ingeniosas, paradójicas, interesantes, desagradables, explícitas y alguna que otra bonita. Había gente, pero no demasiada (seguramente gracias a los "precios populares" de la feria). Y reflexioné con mi tía sobre por qué cansa tanto ver museos y hacer turismo en general. Tras mucha deliberación, no llegamos a ninguna conclusión trascendental, sólo al resultado empírico de que un donuts de azúcar hace más llevadera la serie interminable de pasillos :)
Lo mejor es que me regalaron un globo de helio con una cuerdecita con el que fui muy feliz el resto del día (aunque algunos en el metro me miraban un poco extrañados darle puñetazos cariñosos y hacerlo subir y bajar). A la hora de irse a dormir lo dejé en el techo encima de mi cama y por la mañana, el muy caradura, había bajado a echarse entre mi almohada y mi edredón. Y claro, ya no hubo quien volviera a convencerle de que su sitio era el techo. Así que ahí anda, desmejoradillo y arrastrado. Fue intenso mientras duró.
Moraleja del día: no hay que encariñarse con un globo.
Baobab — 13-02-2006 09:44:05
Bao — 13-02-2006 18:05:42
elena — 13-02-2006 19:55:11
Mafalda — 13-02-2006 22:33:48
Kang — 14-02-2006 13:14:32